miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capítulo 15: Presentimiento.


Capítulo 15: Presentimiento.

''Narra Emma''

Recogí mis cosas y mirando al suelo salí de la habitación después de guardar bien la imagen de aquella pared pintada por Justin en mi cabeza. Escuché como cerró la puerta tras él y comenzó a caminar hasta colocarse a mi lado y cruzar juntos y en silencio todo el pasillo hasta llegar al ascensor y bajar al vestíbulo de aquel gran edificio. Justin le devolvió las llaves a aquella mujer y corriendo salimos de allí montándonos en el coche que estaba aparcado justo en la puerta. En silencio llegamos hasta el hotel, y como siempre, entramos por la parte trasera para no ser vistos.

Subimos hasta la planta donde se encontraba mi habitación y la de todos los demás bailarines y algunos del equipo. Salió del ascensor conmigo y me acompañó hasta la puerta de la habitación. Metí la tarjeta y cuando se encendió la luz verde abrí la puerta antes de girarme para mirar a Justin sonriente. Él me devolvió la sonrisa y acarició mi mejilla haciendo que cerrara un segundo mis ojos al notar la yema de sus dedos acariciarme.

-¿Estás bien? -me preguntó mirándome con dulzura.
-Sí, estoy bien -sonreí.
-Ven aquí, anda -dijo mientras me rodeaba con sus fuertes brazos y yo hundía mi cabeza en su pecho.
-Gracias, Justin -susurré rodeando su cintura con mis brazos.
-No las des, y ahora -dijo besando mi cabeza antes de separarse- tienes que descansar, mañana será un día duro, buenas noches, Emma.
-Buenas noches, Justin. Descansa -sonreí y besé su mejilla antes de entrar en mi habitación.

Suspirando me quité la gorra y la tiré al suelo con fuerza antes de colocar mi cabeza en la puerta cerrando mis ojos. Avancé hasta llegar a la cama y abrí mi maleta para sacar algo para dormir, me recogí el pelo en un moño mal hecho y me metí en la cama recordando por última vez en el día todo lo que había vivido aquella tarde junto a Justin. Había sido increíble lo que había hecho por mí y no sabía como agradecerle. Noté como mis ojos se cerraban y se abrían lentamente, como si pesaran, y así estuve unos minutos hasta que la imagen de aquel chico de ojos color miel y hermosa sonrisa apareciera en mi mente antes de caer en un profundo sueño.

Abrí mis ojos al escuchar el molesto ruido del móvil vibrar en la mesita de noche y bufé tapando mi cabeza con la almohada. Ignoré el móvil e intenté volver a dormir, pero no lo conseguí. Maldije mientras me sentaba en la cama y quitaba la sábana de mis pies mientras bostezaba. Cogí el móvil y miré quien me había mandado un mensaje, era Nick, decía: ''Buenos días, Emma, a las 16:00 debes estar en el vestíbulo, iremos al estadio para ensayar.'' Hice una mueca con mis labios y tiré el móvil en la cama suspirando mientras frotaba mis ojos. Pero tenía que hacerlo, no aguantaba más. Corriendo me levanté de la cama y caminé hasta la maleta para ponerme una camiseta de tirantes blanca, un chándal negro junto a unas vans negras. Me recogí el pelo en una coleta alta dejando un par de mechones caer por ambos lados de mi cara. Guardé mi móvil en un bolsillo del chándal y bajé al restaurante. Había poca gente, y gracias a Dios, no había nadie del equipo todavía. Con una mano en mi boca disimulando recorrí el buffet buscando algo para desayunar, pasé por tostadas, tortitas y varias cosas más, pero yo seguí hasta buscar la fruta. Cogí una manzana y salí de allí rápido para volver a mi habitación. Le di el primer mordisco después de cerrar la puerta con mi pie y sentarme en la cama y sacar mi móvil. El segundo mordisco lo di después de estar unos minutos intentando que aquel primer trozo de manzana bajara hasta mi estómago sin problemas, pero no fue tan fácil. Suspiré tranquilizándome un poco y le di el tercer bocado, cerré mis ojos al morder la manzana y noté como las lágrimas se comenzaba a acumular en mis ojos. Corrí hacia el baño y tiré la manzana a la basura mientras volvía hasta mi bolso y sacaba una botella de agua de dos litros. Comencé a beber agua, sin parar, hasta llenar mi estómago con un litro de ésta, dejé la botella en el lavabo y me giré poniéndome de rodillas ante el váter para introducir segundos después dos dedos de mi mano derecha en mi boca y así un par de veces hasta ver que lo que tenía en el estómago subía por mi esófago. Cogí de nuevo la botella de agua y bebí el litro que me quedaba, ahora sí, volví a repetir el mismo proceso y devolví todo lo que bebí y comí en lo que llevaba de mañana.

Llorando me levanté del suelo y cepillé mis dientes. Ya estaba acostumbrada a hacer aquello casi todos los días, y no solo una vez, podía llegar a hacerlo seis veces. Volví a coger mi bolso y saqué el par de cuchillas de sacapuntas que siempre llevaba conmigo, me encerré en el baño y me quité las pulseras para desahogarme haciéndome más daño. Y podía sonar raro, o podéis pensar que estaba loca, pero realmente, todo aquello me hacía sentir bien.

Salí del baño a las 15:27, cuando llamaron a la puerta. Peiné mi pelo con mis manos y suspiré mirándome en el espejo antes de salir, ya había tapado mis cortes y los moretones que me hice con pulseras y maquillaje. Cubrí un poco mis ojeras y me dirigí hacia la puerta.

-Hola, chicos -sonreí al ver a Ian y Alicia tras mi puerta.
-Hola, Emma -dijo Alicia- ¿Vienes a almorzar? -mi estómago me comenzó a doler ante la idea pero sacudí mi cabeza.
-Oh no, gracias, chicos, pero ya comí una hamburguesa hace poco -mentí.
-Está bien -sonrió Ian- ¿Nos vemos a las cuatro en el vestíbulo, entonces?
-Sí, allí estaré -dije sonriente antes de cerrar la puerta.

Suspiré y froté mis ojos, intentando ignorar la forma en la que mi estómago gritaba. No, definitivamente no necesitaba el peso de las oreos que amaba Alfredo, o la grasa de la pizza favorita de Justin. Tampoco necesitaba esa manzana a la que le di tres bocados esa misma mañana. Encontraba fácil ignorar el latido de mi estómago cuando rozaba con mis manos mis caderas gordas y el vientre que sobre salía.

En cambio, ese día tenía un mal presentimiento, sabía que algo malo iba a pasar, y tenía miedo. ¿Y si era durante el ensayo ante de todos los del equipo? O peor, ¿durante el concierto antes miles de personas?

Bajé al vestíbulo y esperamos durante un par de minutos a que bajaran los que faltaban, cuando ya nos encontrábamos todos, nos montamos en las grandes furgonetas negras y nos dirigimos al estadio, que se encontraba a unos veinticinco minutos del hotel. Esta vez, me tocó junto a los bailarines, que hablaban sobre el concierto de aquel día, pero yo no prestaba mucha atención, simplemente me perdí observando los altos edificios por la ventanilla. Cuando al fin llegamos ya se escuchaba los gritos de las fans desde la cola. Todas esas personas estaban con Justin día tras día y aún así recibiendo insultos por amar a su ídolo seguían haciéndolo, realmente eran increíbles y muy fuertes. Y siempre pensaba... ¿Qué harían si un día se despiertan y ven que su ídolo se fue para siempre? Que nunca más van a poder volver a verlo en directo, ni poder abrazarlo, ni tener una nueva foto de él, no van a poder escuchar nuevas canciones, ni ir a nuevas giras... ¿Cómo se sentirían al perder a su ídolo?

Entramos en el estadio y Justin salió a observar el escenario mientras lo demás guardaban todo. Caminaba junto a todos los demás bailarines por aquel largo pasillo hasta llegar al escenario, subimos y soltamos las mochilas. Justin comenzó a reír y a correr por el escenario. Fruncí el ceño y miré a la persona que le seguía. Era uno de sus amigos, pero no lo conocía, me lo había cruzado el primer día de concierto, pero no hablé con él. Negué con mi cabeza mientras riendo entre dientes mordía mi labio inferior, eran un peligro. A los segundos se les unió Kenny y un par de guarda espaldas más y comenzaron a correr por todo el estadio. Justin y su amigo se montaron cada uno en un segway y comenzaron a avanzar con ellos seguidos por los guarda espaldas. El amigo de Justin chocó y cayó al suelo, comenzó a gatear pero un guarda espalda lo cogió y lo echó sobre su hombro, mientras, Kenny seguía corriendo tras Justin que esta vez se escapaba con un skate.

-¡Justin vamos tienes que prepararte! -gritó Kenny.
-¡No! Iré más tarde, ahora quiero salir con Za -dijo Justin riendo mientras giraba su cabeza para mirar a Kenny.

Sin que Justin se diera cuenta otro guarda espalda se colocó frente a Justin y lo cogió haciendo que casi se cayera del skate. Justin intentó soltarse y comenzar a correr, pero no lo consiguió. El guarda espalda se lo echó en su hombro y se lo llevó dejándonos a todos los bailarines riendo. Nick avisó a Dj Tay James para que pusiera la música y comenzásemos a ensayar. ''All Around The World'' llenó el estadio haciendo que me perdiera en aquellos movimientos de baile y entrara en mi mundo.

Todo iba bien hasta que noté como mientras ensayábamos ''Boyfriend'' mis piernas comenzaban a temblar. Aguanté hasta terminar la coreografía y me senté bebiendo un poco de coca cola para que se me pasara el mareo. Cuando más o menos se fue entré en el backstage y nos comenzamos a preparar para la actuación. Estaba nerviosa como siempre antes de salir del escenario, y si supiera lo que iba a ocurrir no hubiera salido a bailar.

Bajé del escenario después de terminar de bailar Baby y dejamos a Justin hablando con sus Beliebers unos segundos. Iba caminando por el largo pasillo hasta llegar al backstage y notaba como todo me daba vueltas. Comencé a tambalearme y coloqué mi mano sobre el hombro de Alicia, la miré y ella corriendo me miró preocupada. Justin ya había bajado del escenario y se acercaba a nosotros mientras hablaba con su amigo. Le miré antes de caer al suelo. Alicia e Ian corriendo llamaron a un médico y me metieron en el backstage. A los segundos apareció el doctor con su maletín acompañado de Justin, que se le veía un poco nervioso. No escuchaba ni veía muy bien, pero lo último que recuerdo y pude entender bien fue a Justin pidiéndole al doctor que no contara nada de lo que pasaba.

sábado, 17 de agosto de 2013

Capítulo 14: Cree.


Capítulo 14: Cree.

''Narra Justin''

¿Qué si me puse celoso al ver a Ian y Emma riendo juntos en el césped? Pues siendo sincero sí, un poco celoso me puse, ¿la razón? Ni yo la sé. Sólo sé que cuando los ví así juntos unas ganas de ir hacia ellos y separarlos me invadieron en aquel momento, pude contenerme pero deseé ser yo el que estaba debajo de Emma y haciéndoles cosquillas. Estaba echo un completo lío.

Giré mi cabeza para observar la cara de Emma, se veía sorprendida y sus ojos brillaban mucho. Sonreí al ver que una sonrisa iluminaba su rostro y despacio nos adentramos en aquella especial habitación. Cogí quince globos para mí y otros quince para ella y se los coloqué a su lado. Cogí uno de color amarillo y con todas mis fuerzas lo estampé contra la pared haciendo una gran mancha. Me giré para mirar a Emma de nuevo, que sostenía en su mano un globo de color azul. Asentí con mi cabeza animándole a que comenzara a lanzar globos contra la pared y a desahogarse. Después de que ella comenzara a lanzar globos me puse a lanzar yo también mis globos. Ella suspiró mientras miraba al globo y luego levantaba la cabeza observando la blanca pared, para un par de segundos después lanzar el globo con todas sus fuerzas. Yo seguí lanzado mis globos hasta que terminé. Escuché un par de veces como Emma sollozaba o gritaba al lanzarlos y cada vez lo hacía con más fuerza. Ella ya estaba con demasiada rabia guardada hasta que rompió a gritar por cada globo que lanzaba, y a veces llorando comentaba cada cosa por la que había vivido o cada insulto.

Yo terminé de lanzar mis globos cuando a Emma aún le faltaba uno. Ella me miró con los ojos rojos e hinchados de llorar. Cogió el globo rojo que le faltaba y suspiro antes de estamparlo con todas sus fuerzas contra la pared a la vez que soltaba un fuerte grito liberando toda su rabia. Agachó su cabeza y a los pocos segundos la levantó para mirarme fijamente a los ojos. Se fue sentando despacio en el suelo rompiendo a llorar, odié verla así. Con sus dos mano se tapó la cara y corriendo me acerqué a ella para abrazarla fuerte. Le susurré un par de cosas que imaginé que no consiguió escuchar bien, pero ella seguía llorando como nunca antes la ví hacerlo. Abrazados estuvimos unos minutos, no quería soltarla y ella me agarraba fuerte por lo que imaginé que tampoco quería. Estábamos sentados en el suelo, abrazos, ella llorando soltando todo lo que había estado guardando dentro de ella durante tantos años.

Me dolía verla así, no la conocía mucho pero le había cogido mucho cariño y se había convertido en una persona importante en mi vida por lo que no podía soportar verla así. Iba a hacer todo por hacerla feliz, ella se lo merecía más que nadie.

Emma se limpió las lágrimas y levantó su cabeza para observar la pared que se encontraba pintada de todos los colores. Observé los cubos de pintura y me levanté dirigiéndome hacia ellos. Cogí una brocha y la mojé en la pintura azul antes de girarme y dirigirme a la única pared blanca que quedaba. Miré a Emma antes de comenzar a pintar, seguía sentada en el suelo mirándome un poco confundida. Sonreí y me monté en las pequeñas escaleras para llegar a la parte alta. Cuando terminé con el color azul cogí el rojo para que destacara la palabra y luego volví a seguir pintando con azul. Cuando terminé me coloqué al lado de Emma para observar lo que escribí en aquella pared. ''Cree en tus sueños, creen en tí misma, creen en mí.'' Las palabras: sueños, misma y mí las pinté de color rojo para que destacaran.

Giré mi cabeza para observar a Emma que se había llevado una mano a su boca y comenzó a sollozar. Agachó su cabeza mientras cerraba sus ojos y noté como unas lágrimas se asomaban y comenzaba de nuevo a bajar por sus mejillas hasta chocar con su mano. No podía verla llorar más, no soportaba verla así. Me acerqué a ella y la abracé fuerte intentando trasmitirle fuerza y que iba a estar con ella hasta el último día.

Hundió su cabeza en mi pecho y agarró mi camiseta con su mano mientras lloraba. La rodeé con mis brazos y con mi mano froté su espalda. Me encantaba abrazarla y hacerla sentir protegida y segura. Cerré mis ojos en el abrazo y junté mis labios formando una fina línea la notar como un desagradable nudo se me formaba en la garganta al escucharla llorar. Tragué saliva intentando que ese molesto nudo desapareciera y besé la cabeza de Emma antes de apoyar mi cabeza encima de la suya, ya que yo era más alto, y abrí mis ojos para observar lo que escribí en aquella pared.

Después de unos minutos abrazados me separé lentamente de ella, pero sin soltar mi brazo de su cintura, haciendo que quedáramos uno en frente del otro. Ella no quería mirarme, sabía que no quería que la viera llorar. Coloqué mi mano en su mentón y levanté su cabeza obligándola a mirarme. Al encontrar su mirada rota mi corazón se encogió. Sus ojos estaban rojos e hinchados, al igual que sus labios, sus mejillas estaban mojadas debido a las lágrimas y debajo de sus ojos se podía ver una sombra de color rojo, sus pestañas estaban mojadas y aún había algunas lágrimas. Ella parpadeó despacio, como si sus ojos le pesaran, como si estuviera cansada de seguir adelante. Pero yo no iba a permitir eso, yo iba a ayudarla a seguir, no iba a dejarla caer, ella debía seguir adelante porque se lo merecía.

Le repetí una y otra vez que todo iba a salir bien, aunque ella negaba con su cabeza cada vez que se lo decía y eso me ponía más triste aún. Era muy negativa y pensaba que nada se iba a arreglar, pero no era así, todo iba a acabar bien... o al menos eso pensaba yo. No podía hacerla parar de llorar, pero no iba a intentarlo más porque tenía que desahogarse, y aunque en ese momento lloraba, era porque realmente lo necesitaba.

Ella se separó un poco de mí para limpiarse las lágrimas, aunque no la solté, aún seguía con mi brazo rodeando su cintura. Ella me miró triste haciendo que mi corazón se encogiera y acariciara su mejilla secando sus lágrimas a la vez antes de besar su frente. Ella me necesitaba, y yo... a ella también.

Emma me miró con dulzura a lo que yo le sonreí de la misma forma. Esbozó una media sonrisa, aunque noté que no estaba bien del todo, y siempre sonreía intentando ocultarlo todo y que nadie le preguntara nada ni se preocupase. Pero yo sabía que detrás de ese: ''Estoy bien, sólo un poco cansada'' nada estaba bien realmente.

-Escúchame -dije agarrando sus mejillas para que me mirara ya que había agachado su cabeza un par de segundos antes- entiendo que quieras llorar, voy a dejarte hacerlo, quiero que te desahogue y si esta es la forma no voy a impedirte nada, ¿sí? -la miré a los ojos con dulzura. Ella me miró triste y asintió con su cabeza- Entiendo que ahora pienses que nada se va arreglar, pero ya verás como sí, Emma, lo prometo -acaricié sus mejillas y la volví a abrazar- No te preocupes, porque todo va a salir bien -susurré en su oído.


Volví a repetir aquella frase en mi cabeza una y otra vez intentando convencerme a mí mismo. Sabía que no era fácil, que recuperarse era muchísimo tiempo, pero no la iba a dejar sola y juntos íbamos a poder salir de esto. Porque era difícil, pero no imposible. ''Porque todo va a salir bien...'' pensé. ¿O no?  

martes, 13 de agosto de 2013

Capítulo 13: Aquí no te escucharán gritar.


Capítulo 13: Aquí no te escucharán gritar.

''Narra Emma''

Abrí mis ojos lentamente y los volví a cerrar, para volver a abrirlos una vez más. Froté mis ojos mientras me levantaba despacio de la cama bostezando. Aquella noche había dormido genial. No acabé llorando como todos los días, ¿quizás fue por la maravillosa tarde que pasé junto a Justin? Giré mi cabeza y me incliné un poco para poder coger mi móvil que se encontraba en la pequeña mesa blanca que había justo al lado de la gran cama de aquella habitación. Lo desbloqueé y miré la hora: 10:36. Suspiré y me levanté de la cama para dirigirme al baño con torpeza. Abrí el agua caliente y dejé que la bañera se llenara mientras me desnudaba y recogía mi pelo en un moño mal echo. La llené de espuma y dejé mi móvil cerca para poder escuchar música. Solté un leve gemido cuando el agua caliente rozó mi piel. El vapor ya se estaba concentrando en el baño y empañaba los cristales. Me acomodé en la gran bañera y cerré mis ojos relajándome y dejándome llevar por la hermosa voz de Jessie J cantando ''Who You Are'' en acústico. Aquel día no teníamos concierto, aunque luego estaríamos dos días seguidos, no sabía que era peor.

Pasé parte de la mañana en la habitación hablando con el representante del grupo con el que me presenté a aquel campeonato sobre la fiesta que se realizaba aquella noche en mi ciudad, la ''Only Funky''. Esa era la fiesta de la que le hablé a Justin el día anterior en el coche, era increíble. Me hubiera encantado poder ir. Corté la llamada y me acerqué a mi maleta para vestirme y salir a dar un paseo por el hotel para no aburrirme y no pensar en cosas que no debería. Me puse una sudadera negra que ponía ''Atlanta'' en el centro con letras de color rojo, unos pantalones negros un poco caídos, siempre me encantaron, eran muy cómodos para bailar, unas vans rojas y me puse la gorra de Atlanta que me regaló un viejo amigo, Hugo. Suspiré mirándome en el espejo y salí de la habitación mientras guardaba mi móvil en uno de los bolsillos del pantalón. Bajé al vestíbulo y salí a la piscina. No había mucha gente y me extrañó, aunque no le dí mucha importancia y seguí caminando hasta llegar a una especie de jardín. Dónde había muchas butacas de madera, con una sombrilla en cada una para que no diera el sol, también había muchos árboles cerca y césped.

Me senté en el césped junto a un árbol y allí estuve observando como un par de pájaros peleaban entre ellos y luego salían volando. Apoyé mis codos sobre mis rodillas y suspiré mientras me quedaba mirando a un punto fijo pensando en unos ojos color miel que hacían que cualquiera se perdiera en ellos. Apoyé mi barbilla sobre mis brazos y cerré mis ojos un segundo al notar como el fresco viento de aquella mañana acariciaba mi rostro y se colaba por mi pelo haciendo que se moviera. Y sin saber cómo y ni por qué razón, deseé que Justin llegara ahora mismo y se sentara a mi lado, mientras yo apoyaba mi cabeza en su hombro y juntos contemplábamos aquel pequeño jardín.

-¿Qué haces por aquí sola? -preguntó una voz masculina que provenía de detrás de mí. Pero como la reconocí enseguida no me giré y esperé a que él se sentara a mi lado- ¿Puedo sentarme?
-Claro -sonreí- solo vine a pasear, me aburría en la habitación encerrada, ¿y tú? -giré mi cabeza para poder mirarle fijamente a sus hermosos ojos.
-También -sonrió él encogiéndose de hombros- sin conciertos no hay gran cosa que hacer.
-Pues sí... Aunque ahora tendremos un par de días seguidos sin poder descansar bien.
-Sí, y realmente no sé que es peor -dijo él haciéndome reír- Adoro cuando ríes, Emma, tu risa es hermosa.
-G-gracias... -susurré tímida notando como mis mejillas se calentaban y tomaban un color rojizo.
-También que te sonrojes, estás adorable.

Le miré fijamente a sus ojos mientras esbozaba una amplia sonrisa y luego tapé mi rostro con mis manos. Seguro que estaba roja como un tomate, y odiaba que me viera así. Él comenzó a reír y se acercó a mí para hacerme cosquillas, las odiaba, pero a la vez me encantaban, las tenía por todas partes. Intenté apartarme, pero sólo conseguí caer de espalda al césped haciendo que él pudiera colocarse sobre mi regazo y comenzara a hacerme cosquillas por todo mi cuello y mi vientre.

-¡No! Por f... -comencé a reír a carcajadas- Pa... para...
-No -rió él haciéndome cada vez más cosquillas.
-¡No! -grité riendo antes de hacer un poco de fuerza para que rodáramos por el césped haciendo que esta vez fuera yo la que estuviera encima de él.
-¡No, Emma! A m... -no le dejé terminar la frase cuando comencé a hacerle cosquillas- ¡Em... Emma! -dijo él mientras estallaba a carcajadas.

Mientras, me fijé en su hermoso rostro, sus ojos estaban cerrados formando unas arrugas en los laterales y se asomaban algunas lágrimas producidas por la risa. Sus labios gruesos y rosados esbozaban una amplia sonrisa mostrando sus dientes blancos y rectos. Realmente era hermoso.

-Te lo merec... -una voz me interrumpió.
-¡Emma! -escuché gritar a alguien.

Paré de hacerle cosquillas y miré a mi alrededor buscando a quien me llamaba hasta que coincidí con unos ojos color miel mirándome desde la piscina. Miré a Ian y me levanté de su regazo poniéndome de pie a su lado mientras le tendía mi mano para ayudarle a levantarse del césped. Él me sonrió y se secó las lágrimas. Besó mi mejilla y se despidió de mí antes de chocar su puño con el de Justin y adentrarse en el hotel dejándonos a nosotros dos sólos. Su mirada permanecía fija en mis ojos chocolates mientras que con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones oscuros y caídos se acercaba despacio hacia mí haciendo que jugara con mis dedos un poco nerviosa.

-Creo que he interrumpido algo -murmuró cuando se encontraba a menos de dos metros.
-No pasa nada -me encogí de hombros- solo estábamos jugando.
-Te he estado buscando -dijo mientras pasaba su mano derecha por su pelo tirando de los extremos para luego acariciar su nuca con la yema de sus dedos, aún sin dejar de mirarme. Se veía demasiado sexy.
-¿Pasa algo? -pregunté mientras él lamía sus ojos labios haciendo que mis ojos bajaran rápidamente hasta éstos y tragara saliva nerviosa.
-No, solo quería preguntarte si querías venir conmigo a un sitio que creo que te gustará.
-Claro -sonreí asintiendo con mi cabeza- ¿tengo que ir a cambiarme? -dije señalando mi ropa.
-No, tranquila -sonrió.

Sonreí mientras me acercaba a él y juntos caminábamos dirigiéndonos a la parte trasera del hotel donde estaban todas las grandes furgonetas negras y los autobuses del equipo. Justin cogió las llaves de una de las furgonetas y nos montamos antes de poner el motor en funcionamiento. Después de un par de minutos en el coche, me quité la gorra y me peiné un poco el pelo con las manos antes de volver a ponérmela, adoraba las gorras. Justin giró su cabeza un segundo para poder mirarme y comenzó a reír entre dientes.

-¿Qué es tan gracioso? -dije mirándole divertida.
-Me gusta como vas vestida hoy -se encogió de hombros.
-Es ropa de chico -fruncí el ceño mirándole.
-Te queda genial. Me encantan tus pantalones. También tu gorra y tu sudadera.
-Son parecidos a los que tú te sueles poner.
-Creo que algún día de estos tendrás que dejarme algo de ropa.

Rodé mis ojos al escuchar su comentario y comencé a reír antes de que Justin lo hiciera también. Su risa entró por mi oído como una hermosa melodía haciendo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo en poco segundos y una estúpida sonrisa que no pude evitar esbozar se iluminó en mi rostro. Después de, aproximadamente, unos quince minutos de camino llegamos a aquel lugar. Miré a mi alrededor por la ventanilla del coche y me di cuenta que estábamos en el centro de la ciudad. ¿Qué hacíamos aquí? Iban a vernos. Bajé del coche y cerré la puerta antes de que Justin colocara su mano en mi espalda y me empujara para que empezáramos a correr al ver que un par de chicas nos señalaron. Entramos en un hotel, ¿qué hacíamos allí? ¿Un hotel? ¿Los dos sólos? ''Dame la habitación, Lorianne.'' Escuché decir a Justin. ¿Qué habitación? Oh Dios mío. Éste se había vuelto completamente loco. Me estaba poniendo nerviosa, mis manos comenzaron a sudar y mi corazón latía a mil por hora, como si acabara de correr la maratón. Justin le dio las gracias a aquella mujer y me agarró de la mano para tirar de mí y entrar en un ascensor. Justin pulsó el último botón y éste comenzó a subir hasta la última planta.

-¿Te encuentras bien, Emma? -preguntó Justin extrañado.
-¿Qué hacemos aquí, Justin? -dije después de unos largos segundos en silencio.

Justin no me contestó haciendo que mis nervios aumentaran por segundo. El ascensor hizo un extraño y molesto sonido y sus puertas se abrieron mostrándonos un largo pasillo. Sólo había una puerta blanca al fondo, ¿dónde estábamos? ¿Por que sólo había una habitación? Nerviosa salí del ascensor y crucé el largo pasillo junto a Justin. Nos paramos frente a la puerta y Justin giró la llave despacio. Abrió la puerta y entramos en una gran habitación blanca. Fruncí el ceño al ver que estaba vacía, sin muebles, sin camas y sin baño. Estaba pintada de blanco, y tenía treinta globos que contenía pintura de todos los colores junto a dos cubos de pintura azul y roja y cuatro brochas. ¿Para qué era todo aquello?

-Aquí no te escucharán gritar.



domingo, 11 de agosto de 2013

Capítulo 12: Te lo mereces, Bieber.


Capítulo 12: Te lo mereces, Bieber.

Cuando cerré el coche me acerqué a Emma que observaba el lago atentamente. Le encantaba, podía verlo en sus ojos. Era hermoso. Había unas rocas por las que podías subir perfectamente hasta lo alto, allí había una especie de cueva, por donde llegaba el agua hasta caer en forma de cascada al lago. Siempre que venía me tiraba por allí, no era muy alto y además era divertido y no había peligro. Todo lo demás estaba rodeado de grandes árboles verdes y rocas enormes. El color de los árboles se mezclaba con el azul del agua y hacían un contraste precioso. También se reflejaba las pocas nubes que volaban por el cielo aquel día en el agua. Se escuchaba a los pájaros piar y también el silbido de las hojas al colarse el viento entre ellas. Todo era muy tranquilo y el sonido del agua al caer te relajaba.

Me giré para observar a Emma que aún no había apartado la mirada del lago, miraba como el agua caía en cascada hasta llegar al lago. Reí y ella me miró sonriente.

-Es precioso -dijo ella volviendo a mirar al lago.
-Lo es. Cada vez que vengo a esta ciudad paso por aquí. Es muy tranquilo.
-Sí -sonrió mirando de nuevo a su alrededor.
-¿Vamos a bañarnos?
-No me voy a quitar la ropa -dijo volviéndome a mirar.
-¿Por qué? -dije encogiéndome de hombros mientras reía entre dientes.
-Justin, por dios, porque no.
-No importa, anda vamos.

Me separé un poco de ella y me quite los zapatos. Emma llevó sus manos a su frente mientras negaba riendo. Ella volvió a repetirme que no iba a bañarse y que se iba a quedar llena de barro todo el día. Suspiré y volví a ponerme los zapatos. Había tenido una idea para pasar la tarde, aunque de nuevo sería en el hotel.

Estuvimos paseando por aquel lago y por el bosque durante un par de horas, comentando cada cosa que veíamos, aunque no nos alejamos mucho de aquella zona, no queríamos perdernos. Comimos algo que traje sentados en un tronco que había tirado en el suelo de algún árbol que cortaron. Aunque Emma sólo quiso beber agua... No quise obligarla a nada.

Volvimos al coche y nos dirigimos a aquella montaña que deseé llevar a Emma durante todo el día. Por el camino estuvimos en silencio, un poco incómodo a veces, yo estaba atento a la carretera y Emma observando el bosque desde su ventanilla. Cuando llegamos, salimos del coche y cerramos las puertas casi al unísono. Me acerqué a ella y poco a poco fuimos subiendo la pequeña montaña, pudimos subir sin problemas. Ella avanzó un poco más, alejándose de mí y observando la ciudad desde alli. Me coloqué a su lado y observé su rostro sorprendido. Me miró y un segundo después volvió a centrarse en la ciudad. La verdad, es que las vistas desde allí eran hermosas. Y de noche aún más. La abracé por los hombros acercándola hacia mí y besé su pelo mientras ella pasaba sus brazos por mi cintura. Observando y comentando la gran ciudad desde aquella montaña estuvimos, aproximadamente, una hora y media. Saqué mi iPhone y eché primero una foto a la ciudad y luego a nosotros dos.

-¿La puedo ver? -preguntó ella.
-Claro -sonreí mientras se la mostraba.
-Sales con los ojos cerrados -rió.
-¿En serio?

Fruncí el ceño y volví a mirar la foto. Era verdad. Vaya, sólo me había fijado en cómo salía ella y ni me había dado cuenta de que salí con los ojos cerrados... Se supone que normalmente cuando te haces una foto con alguien se hace lo contrario, ¿no?

-Vamos a hacernos otra -dije riendo intentando hacer que aquellos pensamientos salieran de mi mente.

Ella asintió y volvió a colocarse a mi lado para echarnos otra foto. Me aseguré de que ambos salíamos esta vez bien y la publiqué en Instagram. Volví a guardar el móvil disfrutando de los últimos minutos allí.

·Media hora después·

Entramos en el hotel por la puerta trasera. Dejamos el coche en uno de los aparcamientos y corriendo entramos sin ser vistos. Nunca habíamos entrado por ahí, y no sabíamos dónde teníamos que ir para llegar al vestíbulo. Cruzamos el largo pasillo, no había nadie, y entramos en una puerta blanca que había al final. La abrí y entramos en un pequeño patio donde guardaban todo el material de limpieza y mantenimiento. Miré a Emma que me miraba con el ceño fruncido y comencé a reír. Nos habíamos equivocado de puerta. Volví a mirar a aquel patio cuando encontré una manguera de color verde. Miré mi ropa y luego la de Emma y me acerqué para abrir la manguera. Cuando escuchó el sonido del agua Emma se giró y me miró extrañada, luego comenzó a reír antes de que apuntara hacia ella mojándola entera, haciendo que parte del barro se quitara de su ropa. Ponía sus manos delante de ella intentando apartar el agua mientras cerraba sus ojos girando su cabeza riendo. Comencé a reír y seguí apuntándola esta vez con más presión.

-¡Justin! -rió- ¡para!
-¡No!

Negué con mi cabeza mientras reía y me acercaba a ella para seguir mojándola. Ella se acercó a mí colocando sus manos cerca de su cara evitando que el agua chocara con ella. Agarró la manguera corriendo y rápido me la quitó de las manos mojándome esta vez a mí.

-¡No! -volví a decir riendo.
-Te lo mereces, Bieber.


''Bieber''... Que bien sonaba saliendo de sus labios, ¿verdad? Sacudí mi cabeza intentando librarme de esos pensamientos y comencé a andar rápido intentando que Emma no me mojara, pero ella me seguía con la manguera en sus manos, mojándome cada vez más. Me giré y me acerqué a ella para quitársela, pero sin querer pisé la manguera y tropecé con Emma haciendo que su espalda chocara con la pared y yo quedara justo en frente de ella. Bajó la manguera y dejó de apuntarme con ella, mojando esta vez al suelo. Tragué saliva mientras observaba a Emma lamer sus labios nerviosa haciendo que mis ojos bajaran rápidamente hasta ellos. Volví a levantar mi mirada hasta sus ojos chocolates que observaban mis labios. Ella sonrió después de morder su labio inferior para luego acercarse lentamente a mí hasta llegar a rozar sus labios con los míos. Estaba a punto de besarla cuando ella subió la manguera echándome agua en toda la cara y comenzó a reír. Me tapé la cara con mis manos y abrí mi boca sorprendido por lo que acababa de hacer. Ella comenzó a reír a carcajadas y corrió con la manguera en la mano haciendo que todo se mojara. Estaba todo lleno de agua y podíamos caernos. Corría con cuidado tras ella y cuando la tenía a menos de un metro la agarré del brazo atrayéndola hacia mí haciendo que su espalda chocara con mi pecho mojado. Ella giró un poco su cabeza, mirándome fijamente y esta vez si soltó la manguera haciendo que cayera al suelo y comenzara a formar una especie de charco. Su mirada bajó hasta mis labios, volvió a subir a mis ojos y así una vez más. La giré poco a poco y cuando se encontraba frente a mí me acerqué a ella para unir nuestros labios una vez más. Esta vez el beso se profundizó. Lamí su labio inferior pidiéndole paso y cuando abrió un poco su boca aproveché para introducir mi lengua en ella y buscar a la suya. Cuando la encontré comencé a batallar con su lengua intentando conseguir el dominio. Avancé con ella acercándonos a la pared cuando noté pisar algo. La manguera se giró y comenzó a echar agua hacia arriba haciendo que todo cayera sobre nosotros y algunas pequeñas flores que habían allí, como si estuviera lloviendo. Emma comenzó a reír en mis labios al ver mi cara. La agarré de su mejilla y me volví a acercar a sus labios para volver a besarla, pero esta vez con cuidado, como si en algún momento fuera a romperse. 

jueves, 8 de agosto de 2013

Capítulo 11: Te odio.


Capítulo 11: Te odio

Maldito rayo de sol. Gruñí mientras me giraba y cubría mi cabeza con la suave y cómoda almohada blanca. Intenté volver a conciliar el sueño, pero no lo conseguí. Maldije y me senté en la cama frotando mis ojos. Abrí un poco mis brazos y me levanté de la cama dirigiéndome torpemente a la gran ventana para cerrarla. Nunca más la volvería a dejar abierta. Bostezando entré en el baño y abrí el grifo esperando a que saliera el agua caliente mientras me desnudaba. Me metí en la ducha y dejé que el agua cayera en cascada desde mi cabeza mojando casi todo mi cuerpo. El agua estaba bastante caliente, pero me gustaba así. El vapor se comenzó a concentrar en el baño. Dejé que el agua caliente relajara los músculos de mi cuerpo para segundos después echar un poco de champú en mi mano y llevarla a mi cabello.

Salí del baño dejando la puerta abierta para que el vapor saliera también. Me acerqué a la maleta que tenía a un lado de la habitación y la coloqué junto a la cama. Cogí la ropa interior y me la puse antes de sentarme pensando que podría ponerme aquel día. No había concierto, por lo que pasaríamos el día en la ciudad. No sabía lo que decidieron hacer los demás, pero yo había aceptado escaparme lejos con Justin durante el día. Y aún seguía sin creer que lo había hecho, después de haberle repetido varias veces que no se enamorara de mí y que no quería nada entre nosotros. Pero luego podría arrepentirme por no arriesgarme.

Me incliné un poco para coger la ropa que había decidido ponerme. Elegí unos pantalones cortos vaqueros, eran rotos y gastados, haciendo que la costura se viera, pero quedaban genial. Me puse una camiseta simple y ajustada negra y encima una camisa verde caqui junto a unas botas militares negras. Me dejé el pelo ondulado, al natural, y salí del baño cuando faltaban un par de minutos para que fueran las doce. Justin ya me esperaba sentado en uno de los sillones blancos que habían en el vestíbulo. Me sonrió y besó mi mejilla antes de abrazarme y darme los buenos días. Salimos del hotel con la ayuda de un guarda espaldas que nos acompañó sólo hasta el coche. Justin se despidió de Greg, creí escuchar, y puso el coche en funcionamiento dirigiéndonos a Dios sabe dónde.

Justin puso la radio y en ese momento sonaba ''Play Hard'' de David Guetta junto a Neyo y Akon. Me encantaba aquella canción e imaginé que a Justin también porque comenzó a cantar como si no hubiera mañana. Comencé a carcajear observando como Justin se dejaba la voz en aquella canción. Acabé haciendo movimientos intentando bailar en aquel pequeño espacio. Riendo estuvimos hasta que terminó la canción. Eché mi cabeza hacia atrás apoyándola en el cabecero mientras cerraba mis ojos y llevaba mi mano a mi vientre, que me dolía de reír, ya que Justin terminó cantando con una voz extraña y caras muy divertidas.

''Narra Justin''

Con una amplia sonrisa giré mi cabeza un segundo y vi a Emma riendo a carcajadas apoyando su cabeza en el cabecero del coche. Sus ojos estaban cerrados formando arrugas en éstos. Me encantaba verla así. Volví a centrarme en la carretera mientras guardaba la imagen de Emma riendo en mi mente, para recordarla y reproducirla como si de una película se tratara.

Después de un par de minutos en silencio intentando volver a respirar con normalidad empezó a sonar ''Till I Die'' de Chris Brown junto a Big Sean y Wiz Khalifa. Emma soltó un leve grito mientras subía el volumen de la radio e intentaba bailar en aquel espacio. Negué con mi cabeza riendo mientras aceleraba. Cuando la canción terminó Emma se dejó caer en su asiento y suspiró para luego intentar volver a llenar sus pulmones de aire. Ella me miró sonriente.

–Veo que te gusta esta canción –dije riendo.
–Sí, me encanta. Este tipo de música me motiva mucho. Además, éstos tres son muy buenos.
–A mi también –la miré un segundo y luego volvía a mirar la carretera– Un día de éstos prometo llevarte a una fiesta a las que suelo ir muy a menudo, ponen mucha música como ésta y te lo pasas genial –sonreí– sí, es cierto, son unos grandes amigos.
–¡Me encantaría! Yo también te llevaré a una de las fiestas de Hip Hop, no es como crees –se encogió de hombros– Si te gusta éste tipo de música y el baile, ¡vas a flipar! –comencé a reír.
–Me encantaría ir.
Sonreí y volví a acelerar haciendo que el coche cruzara aquella larga carretera en poco tiempo. Unos diez minutos después, aproximadamente, llegamos a nuestro destino. Emma se bajó del coche y un poco extrañada observó a su alrededor, luego me miró a mí y frunció el ceño haciéndome reír. Estábamos en un bosque que había a las afueras, siempre iba cuando estaba en aquella ciudad. Es enorme y muy bonito. Había una pequeña montaña y cuando subías podías ver la ciudad desde allí, pero aún no nos habíamos adentrado en el bosque y aquella montaña nos pillaba un poco lejos para ir andando, por lo que de nuevo nos montamos en el coche y nos dirigimos a la montaña después de poner el motor en marcha.

Estaba todo el suelo lleno de agua, y tenía que ir con cuidado porque había mucho barro, y lo último que deseaba era que se me atascara el coche en uno de aquellos charcos. Habíamos recorrido un par de kilómetros cuando pude ver como delante nuestra estaba todo lleno de barro y no podíamos avanzar. Miré a Emma e hizo una mueca con sus labios, suspiré y deseando que no pasara nada intenté cruzar. Estaba a punto de salir de aquel gran charco cuando noté la rueda hundirse un poco, haciendo que al acelerar levantara todo el barro del suelo sin avanzar. Nos habíamos quedado allí atrapados. Emma bufó y llevó su mano a su frente para unos segundos después comenzar a reír observando mi rostro. Acabé riendo yo también y salí del coche manchando mis zapatos.

–Oh, mierda... –dije mientras observaba la rueda atascada en el barro– ¡Emma!
–¿Sí? –preguntó ella asomando su cabeza por la puerta.
–¿Puedes acelerar?
–Claro –dijo ella mientras se pasaba a mi asiento y aceleraba el coche haciendo que el barro cayera encima de mí– ¿Ya p... –Dejó de hablar al verme lleno de barro detrás del coche. Ella comenzó a reír y salió del coche al verme agacharme para coger barro.
–¡No corras!

Emma comenzó a reír mientras ignorándome seguía corriendo alrededor del coche. Se agachó rápido y cogió un poco de barro para luego girarse y echármelo encima. Cuando la alcancé cogí un poco y se lo eché por encima haciendo que ella abriera su boca sorprendida y me mirara con odio. Cogió un poco más y me lo echó en el pelo.

–¡No! Mi pelo no... ¡Te vas a enterar! –comencé a correr detrás de ella con barro en mi mano.

Ella corría y giraba su cabeza para mirarme un par de veces para saber si estaba cerca o no. Ella me pidió disculpas mientras reía intentando que no le echara más barro, pero no le obedecí y se lo eché en su pelo, haciendo que ella volviera a coger barro y unos minutos después acabáramos los dos de la cabeza a los pies manchados completamente, apoyados en el coche mientras reíamos observando como nos habíamos puesto en poco minutos. Ella pasó su mano por su pelo y quitó un poco de barro, haciéndome reír más a mí. Me separé un poco de ella y me quité la camiseta llena de barro, la dejé en el coche y volví a acercarme a Emma, que intentaba quitar el barro de su ropa.

–Te odio –dijo ella riendo.
–No –reí.
–¿Vamos a pasar así todo el día? Me doy asco.


Alzó un poco sus manos para observarse de arriba a abajo. Reí y miré a mi alrededor intentando recordar si había algo en el bosque donde podernos bañar. Enseguida recordé el lago que había a un par de kilómetros de la montaña. Le pedí a Emma que volviéramos a intentar sacar el coche de allí y después de varios intentos y mancharme más de barro lo conseguimos. Chocando nuestras manos en señal de victoria nos volvimos a montar en el coche y nos dirigimos al lago. 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Capítulo 10: Prometo hacerte olvidar todo esto.


Capítulo 10: Prometo hacerte olvidar todo esto.

Miré fijamente a los ojos de Justin al separarnos perdiéndome en sus hermosos ojos color miel. Agaché mi cabeza y apreté mis labios formando una fina línea. Justin me agarró del mentón y levantó mi cabeza despacio obligándome a mirarle. Esbocé una sonrisa forzada y me separé de él haciendo una mueca con mi rostro. Justin se volvió a acercar a mí para darme un corto beso de nuevo en mis labios pero giré mi cabeza y me separé de él. No quería que pasara nada. No quería que Justin sufriera y conmigo lo iba a hacer. Tarde o temprano yo me iba a ir... para siempre.

–¿Qué pasa, Emma? –preguntó Justin elevando una ceja.
–No te enamores de mí, Justin...

Me separé de él unos centímetros más, haciendo que un desagradable nudo se formara en mi garganta impidiéndome hablar. No podía levantar la cabeza era incapaz de mirarle a sus ojos que no se habían apartado de mí, y aquello me estaba poniendo nerviosa.

–No te entiendo, Emma... ayer estuviste todo el día bien conmigo, en el balneario, a la noche en la piscina y la azotea, esta mañana en el desayuno y en los ensayos del concierto... ¿por qué no quieres ahora? Tú no eres como todas, Emma...
–No, Justin –dije con un hilo de voz– no voy a ser una más para tu lista.
–Y no lo vas a ser.
–Just... –me interrumpió.
–¿Sabes qué? –hizo una pausa– Es tarde. Es tarde para que me digas que no me enamore de tí. Quiero decir, no estoy enamorado, pero me gustas, me pareces una chica increíble y muy simpática y quiero conocerte mejor. ¿Por qué tú no quieres? –levanté mi cabeza para de nuevo perderme en sus ojos.
–Yo no quiero hacerte daño.
–¿Por qué dices eso? –dijo mientras alzaba sus manos al aire y volvía a mirarme extrañado.
–Tengo secretos, Justin... y sé que acabará haciendo mucho daño.

Justin tragó saliva y apretó su mandíbula haciendo que de nuevo aquel desagradable nudo volviera a formarse en mi garganta para pocos después hacer que las lágrimas se acumularan en mis ojos. Giré mi cabeza para que Justin no me viera y cerré mis ojos un segundo suspirando. Volví a girar mi cabeza y coincidí con la mirada confundida de Justin. ¿Qué pasaría si Justin supiera de mi enfermedad? ¿O qué pensaría el mundo si llegásemos a ser algo más que amigos? No me importaría nada de lo que digan si hubiera estado sana... Pero, ¿qué pensarán de la novia enferma de Justin Bieber? ¿Qué pasaría cuando yo me fuera para siempre?

¿Conoces ese sentimiento? Cuando sólo estás esperando... esperando a llegar a tu casa, encerrarte en tu habitación y dejar salir todo lo que contuviste a lo largo del día. ¿Conoces el sentimiento de desesperación? Nada está mal, pero nada está bien tampoco. Y estás cansada, cansada de ser fuerte, cansada de luchar, cansada de intentar ser feliz, cansada de todo, cansada de nada, y sólo quieres que alguien esté ahí diciéndote que está bien, pero nunca nadie va a estar ahí, y sabes que tienes que ser fuerte porque nadie te va a curar. Pero ya estás cansada de ser fuerte y por primera vez sólo quieres que sea fácil, que sea simple, ser ayudada, ser salvada, sabes que no lo serás, pero sigues ahí, teniendo fé y deseando... y sigues siendo fuerte y luchando con lágrimas en los ojos.

Pero yo ya estaba cansada de ser fuerte, cansada de curarme a mí misma, necesitaba a alguien que me salvara, alguien que me ayudara... Aún seguía buscando a ese alguien, no sabía cuando iba a llegar. Ese alguien que me ayudara a gritar y a contar todo lo que llevaba guardando dentro desde hacía seis años, ese alguien que me entendiera... Tal vez fuera Justin ese alguien que estaba buscando.

Justin se acercó a mí y yo volví a alejarme haciendo que la parte trasera de mis piernas chocaran con la cama. Justin me miró fijamente y apretó sus labios mientras levantaba su cabeza para luego soltar un suspiro. Mi labio inferior comenzó a temblar y lo mordí intentando no romper a llorar, pero cuando la mirada de Justin encontró la mía, mis lágrimas comenzaron a amontonarse en mis ojos. Negué con mi cabeza mientras miraba al suelo sollozando. Justin se acercó a mí y me abrazó fuerte, apoyó su cabeza en mi hombro y acarició mi espalda lentamente.

–No te enamores de mí, Justin –volví a repetir esta vez en su oído– no quiero que sufras. No quiero que hablen de tí más de lo que ya hacen.
–Pero, eso siempre lo harán –dijo separándose de mí después de unos segundos abrazados.
–Si llegamos a ser algo más que amigos, créeme que no será como siempre, Justin.
–¿Tienes miedo a lo qué digan de nosotros, Emma?
–No es eso.
–¿Entonces? Ellos hablarán de mí por cada cosa que haga, sea buena o mala. Así es mi mundo.
–Será mucho peor de lo que crees.
–¿Es por mis fans?
–No. Yo... no puedo decirte, Justin..
–Pero, ¿¡por qué siempre dices que no puedes contarme nada!? ¿Por qué después sí? ¿Qué es lo que te pasa que no quieres contar?

Justin me miró fijamente y lamió sus labios mientras su pecho subía y bajaba. Iba a explotar. Había llegado mi momento. Habían sido seis eternos años guardando todo aquello dentro de mí. Sin contar nunca a nadie, engañando a todo el mundo con una jodida y falsa sonrisa, gritando y pidiendo ayuda en silencio. Y lo único que estaba haciendo era matarme a mí misma, lentamente y de manera dolorosa. Ocultando mis problemas con una sonrisa y un: ''estoy bien, sólo un poco cansada'', ocultando mis moretones con un: ''me he caído por las escaleras'', ocultando mis cortes con pulseras, vendas, maquillaje y un: ''ha sido mi gato'', acabando con mis problemas con la salida más fácil, buscándome yo misma una enfermedad que podía acabar matándome. ¿No era eso lo que quería?

Y todas las lágrimas que deseaban salir comenzaron a descender por mis mejillas con rapidez. Una tras otra. Llegando algunas a mi boca y otras caían al suelo sin ningún rumbo. Observé a Justin un segundo. Su rostro cambió por completo, se veía preocupado y triste. Limpié mis lágrimas para segundos después volver a caer muchas más. Y en esas lágrimas se encontraban todo el dolor guardado durante tantos años de silencio. Tragué saliva y suspiré profundamente preparándome para explotar de una vez.

–¿Sabes qué es lo qué me pasa? ¡Qué soy una maldita bulímica! ¡Por eso mismo no quiero que te enamores de mí, Justin! ¡Joder! ¿Sabes todo lo que puede llegar a hablar si hay algo entre nosotros? ¿Todo lo mal que hablarán? ¿Qué pensarán sobre la novia enferma de Justin Bieber? ¿Y tus fans? ¡No, Justin! Tienes miles de chicas detrás de tí, mucho más delgadas y guapas, que valen mil veces más que yo. Yo seguiré vomitando, seguiré bailando con el estómago vacío, seguiré desmayándome, seguiré viviendo esta mierda de vida, ¿sabes? Seguiré cortándome –dije mientras quitaba mis pulseras de mis muñecas rompiéndolas mientras las lanzaba al suelo haciendo que Justin llevara su mano a su boca– No pierdas tu tiempo conmigo, joder. No quiero nada entre nosotros, Justin, ¡maldita sea! ¿No te das cuenta? ¡No quiero que sufras! Justin... yo moriré.

Al fin. Lo solté. Mis ojos estaban llenos de lágrimas, por lo que a veces me impedían ver a Justin con claridad. Me las sequé y mordí mi labio inferior que temblaba. Los ojos de Justin me miraban sorprendidos y estaban un poco húmedos. Estábamos en silencio. Justin no decía nada, sólo negaba con su cabeza sin apartar la mirada de mí. Agaché mi cabeza mientras me deslizaba por la cama hasta acabar sentada en el suelo con las piernas encogidas y escondiendo mi cabeza en mis brazos que rodeaban mis piernas. Escuché unos pasos acercarse a mí y unos brazos rodeándome con fuerza.


–No me importa. No me importa que seas así, yo te voy a aceptar tal y como eres. Con defectos y virtudes. Porque, ¿sabes qué? Eso es lo que te hacer ser tú. No me importa acabar sufriendo, no me importa lo que piensen de mí, no me importa nada, ya estoy de cansado de no poder hacer a veces lo que quiero, no me importa la fama. Sólo quiero arriesgarme y conocerte mejor. Por favor, Emma, ¿qué te parece si mañana nos escapamos lejos de aquí durante todo el día? Y te prometo una cosa... prometo hacerte olvidar todo esto.

domingo, 4 de agosto de 2013

Capítulo 9: Tú no eres como todas.

Capítulo 9: Tú no eres como todas.

''Narra Emma''

Acababa de terminar el concierto en Las Vegas. Justin estaba en su backstage y yo me encontraba en una habitación pequeña, con los otros bailarines, pero ya se habían cambiado y se habían ido a recoger sus cosas. Me quedé sola. No me encontraba muy bien. Estaba un poco mareada y tenía ganas de vomitar. Pasé mi mano por mi frente quitándome el sudor e intenté relajarme. Escuché el sonido de unos tacones resonar por todo el pasillo acercarse a la habitación dónde yo me encontraba. Unos segundos después apareció Blair, una amiga de Justin, o bueno eso decía él, pero estaba segura de que habían sido algo más que amigos. Había algo en ella que no me gustaba nada, pero en fin... no quería juzgar a nadie, sólo la conocía de un día.

–¡Emma! –dijo con una sonrisa falsa– te estaba buscando.
–Pues aquí me tienes –dije levantando mi cabeza para mirarla.
–Os vi ayer a Justin y a tí juntos en la piscina del hotel –dijo mientras le miraba a sus ojos azules mientras ella pasaba su lengua por sus gruesos y carnosos labios y parpadeaba.
–¿Y qué?
–No... sólo decía... ya sabes, es Justin Bieber, puede tener a cualquier chica y bueno... eso de la primera cita en un balneario, piscina, o algún otro sitio del hotel para que no os puedan molestar se lo hace a todas –se encogió de hombros.
–No me importa.
–Yo sólo te quiero avisar, Emma, no quiero que sufras.
–No voy a sufrir. Justin no significa nada para mí.
–Eso dices ahora –suspiró– pero, vas a acabar enamorándote de él y no te lo aconsejo, acabará dejándote por una de esas modelos que hay.

Rodé mis ojos ignorándola y no le contesté. Ella se encogió de hombros y volvió a repetir que me había avisado. Salió de la habitación y me dejó de nuevo sola. ¿Y si tenía razón? Quiero decir... era Justin Bieber, es verdad que podía tener a todas las chicas que quisiera. Mucho más guapa que yo, más altas, delgadas... Tapé mi rostro con mis manos mientras suspiraba. Mierda. Me había ilusionado. Golpeé con mi puño el sillón cuando Ian entró en la habitación un poco extrañado.

–Hey, hey, ¿qué te pasa? –dijo colocándose de cuclillas ante mí.
–No es nada. Sólo estoy cansada.
–¿Segura?
–Sí –sonreí– Dile a Scooter que no voy a ir a la cena, ¿vale?
–Se lo diré –dijo antes de levantarnos y abrazarnos.

Unos minutos después salimos de la habitación y nos montamos en las grandes furgonetas negras que nos llevaban al hotel. Esta vez no estuve junto a Justin. Y me alegraba. No quería estar cerca de él después de aquello... Coloqué mi codo en la ventanilla y apoyé mi barbilla para observar Las Vegas desde allí. Alfredo estaba a mi lado y lo noté mirarme un par de veces preocupado, pero le ignoré, no quería que preguntara nada. No quería hablar más del tema. No quería pensar más en Justin. ¿Por qué estaba así?

Cerré la puerta de mi habitación con fuerza. Bufé y me apoyé en ésta, echando mi cabeza hacia atrás apoyándola en la puerta. Solté el macuto en el suelo y me encerré en el baño. Necesitaba una buena ducha. Dejé que el agua caliente chocara con mi piel haciéndola erizar, pero me gustaba la sensación.

Salí del baño unos quince minutos después. Me acerqué a mi maleta y saqué un pijama fresco. Era de color malva pero tenía algunos detalles morados. Siempre me encantó el morado, pero mi color favorito era el negro. Me peiné y salí del baño cuando escuché mi móvil sonar. Tenía un mensaje. De Justin. ¿No estaban en la cena? Lo abrí.

''¿Por qué no viniste a la cena? ¿Te encuentras bien?''

¿Qué le importaba? Solté el móvil a mi lado y suspiré mientras observaba el techo blanco de aquella habitación. ¿Por qué no me lo sacaba de la cabeza? Escuché a mi móvil sonar una vez más, pero lo ignoré. No quería saber nada más de él.

Llamaron a la puerta y extrañada me levanté de la cama donde había estado sin hacer nada, aproximadamente, una hora y media. Dudé en abrir o no, ¿quién sería a estas horas? Apoyé mi oído en la puerta para intentar oír algo, pero no lo escuchaba nada. Cuando abrí, levanté mi cabeza y coincidí con los ojos mieles del chico que no había salido de mi cabeza en todo el día. Aparté mi mirada y cerré la puerta antes de que pudiera decir algo.

–¡Emma! ¿Qué te pasa? Abre la puerta, por favor.
–No pienso abrir la puerta, Justin.
–¿Qué te pasa? ¿Por qué no fuiste a la cena?
–¿Acaso te importa?
–Claro. Y no me iré de aquí hasta que me abras la puerta y me digas qué pasa.
–Pues, buenas noches.

Dicho esto me tiré en la cama y cogí mi móvil para intentar distraerme. Escuché como golpeaba la puerta de nuevo, pero lo ignoré y seguí jugando con mi móvil, también cómo un par de veces dijo algo que no logré entender bien, pero no iba a abrirle la puerta.

Habían pasado dos horas desde que Justin llamó a la puerta. ¿Seguiría allí? No había llamado más y no había escuchado nada. Seguro que se había ido. ¿Y si abría la puerta? Me levanté de la cama y me acerqué a ésta. La abrí despacio y miré al frente. No había nadie. Me asomé un poco y me lo encontré en la parte derecha sentado en el suelo con la cabeza apoyada en sus brazos que rodeaba sus piernas encogidas.

–Justin –dije mientras me acercaba a él y lo llamaba– Despierta.

Justin abrió sus ojos para un segundo después volver a cerrarlos. Me levanté y suspiré. ¿Y ahora que hago? ¿Dónde estaba su suite? Pasé las manos por mi pelo y me giré para buscar a alguien que me pudiera ayudar. Pero a las 2:16 de la madrugada no había nadie por allí. Lo cogí del brazo y como pude lo metí dentro de la habitación. Lo volví a llamar y unos segundos después se despertó un poco confundido. Le miré desde la cama.

–Sabía que me abrirías –dijo después de unos minutos en silencio– ¿Me puedes decir qué te pasa?
–Mira, Justin. No quiero más citas, ni pasar más tiempo juntos, ¿vale? Sólo soy una bailarina de la gira, nada más –me levanté y me fui acercando despacio hacia él señalándolo con el dedo– No voy a ser una más para tu lista, ¿sabes? Yo no soy de e... –me interrumpió.

Justin se acercó corriendo hacia mí y me agarró las mejillas mientras sus labios se unían con los míos. Éstos encajaban perfectamente. Como dos piezas de puzzle. Fue un beso virgen. Sin lenguas. Sin jadeos. Después de unos segundos nos separamos lentamente haciendo que el labio de Justin cayera despacio. Me miró a los ojos sonriente y me susurró con voz ronca:


–Tú no eres como todas.