
Capítulo 13: Aquí no te escucharán gritar.
''Narra Emma''
Abrí mis ojos lentamente y los volví
a cerrar, para volver a abrirlos una vez más. Froté mis ojos
mientras me levantaba despacio de la cama bostezando. Aquella noche
había dormido genial. No acabé llorando como todos los días,
¿quizás fue por la maravillosa tarde que pasé junto a Justin? Giré
mi cabeza y me incliné un poco para poder coger mi móvil que se
encontraba en la pequeña mesa blanca que había justo al lado de la
gran cama de aquella habitación. Lo desbloqueé y miré la hora:
10:36. Suspiré y me levanté de la cama para dirigirme al baño con
torpeza. Abrí el agua caliente y dejé que la bañera se llenara
mientras me desnudaba y recogía mi pelo en un moño mal echo. La
llené de espuma y dejé mi móvil cerca para poder escuchar música.
Solté un leve gemido cuando el agua caliente rozó mi piel. El vapor
ya se estaba concentrando en el baño y empañaba los cristales. Me
acomodé en la gran bañera y cerré mis ojos relajándome y
dejándome llevar por la hermosa voz de Jessie J cantando ''Who You
Are'' en acústico. Aquel día no teníamos concierto, aunque luego
estaríamos dos días seguidos, no sabía que era peor.
Pasé parte de la mañana en la
habitación hablando con el representante del grupo con el que me
presenté a aquel campeonato sobre la fiesta que se realizaba aquella
noche en mi ciudad, la ''Only Funky''. Esa era la fiesta de la que
le hablé a Justin el día anterior en el coche, era increíble. Me
hubiera encantado poder ir. Corté la llamada y me acerqué a mi
maleta para vestirme y salir a dar un paseo por el hotel para no
aburrirme y no pensar en cosas que no debería. Me puse una sudadera
negra que ponía ''Atlanta'' en el centro con letras de color rojo,
unos pantalones negros un poco caídos, siempre me encantaron, eran
muy cómodos para bailar, unas vans rojas y me puse la gorra de
Atlanta que me regaló un viejo amigo, Hugo. Suspiré mirándome en
el espejo y salí de la habitación mientras guardaba mi móvil en
uno de los bolsillos del pantalón. Bajé al vestíbulo y salí a la
piscina. No había mucha gente y me extrañó, aunque no le dí mucha
importancia y seguí caminando hasta llegar a una especie de jardín.
Dónde había muchas butacas de madera, con una sombrilla en cada una
para que no diera el sol, también había muchos árboles cerca y
césped.
Me senté en el césped junto a un
árbol y allí estuve observando como un par de pájaros peleaban
entre ellos y luego salían volando. Apoyé mis codos sobre mis
rodillas y suspiré mientras me quedaba mirando a un punto fijo
pensando en unos ojos color miel que hacían que cualquiera se
perdiera en ellos. Apoyé mi barbilla sobre mis brazos y cerré mis
ojos un segundo al notar como el fresco viento de aquella mañana
acariciaba mi rostro y se colaba por mi pelo haciendo que se moviera.
Y sin saber cómo y ni por qué razón, deseé que Justin llegara
ahora mismo y se sentara a mi lado, mientras yo apoyaba mi cabeza en
su hombro y juntos contemplábamos aquel pequeño jardín.
-¿Qué haces por aquí sola?
-preguntó una voz masculina que provenía de detrás de mí. Pero
como la reconocí enseguida no me giré y esperé a que él se
sentara a mi lado- ¿Puedo sentarme?
-Claro -sonreí- solo vine a pasear, me
aburría en la habitación encerrada, ¿y tú? -giré mi cabeza para
poder mirarle fijamente a sus hermosos ojos.
-También -sonrió él encogiéndose de
hombros- sin conciertos no hay gran cosa que hacer.
-Pues sí... Aunque ahora tendremos un
par de días seguidos sin poder descansar bien.
-Sí, y realmente no sé que es peor
-dijo él haciéndome reír- Adoro cuando ríes, Emma, tu risa es
hermosa.
-G-gracias... -susurré tímida notando
como mis mejillas se calentaban y tomaban un color rojizo.
-También que te sonrojes, estás
adorable.
Le miré fijamente a sus ojos mientras
esbozaba una amplia sonrisa y luego tapé mi rostro con mis manos.
Seguro que estaba roja como un tomate, y odiaba que me viera así. Él
comenzó a reír y se acercó a mí para hacerme cosquillas, las
odiaba, pero a la vez me encantaban, las tenía por todas partes.
Intenté apartarme, pero sólo conseguí caer de espalda al césped
haciendo que él pudiera colocarse sobre mi regazo y comenzara a
hacerme cosquillas por todo mi cuello y mi vientre.
-¡No! Por f... -comencé a reír a
carcajadas- Pa... para...
-No -rió él haciéndome cada vez más
cosquillas.
-¡No! -grité riendo antes de hacer un
poco de fuerza para que rodáramos por el césped haciendo que esta
vez fuera yo la que estuviera encima de él.
-¡No, Emma! A m... -no le dejé
terminar la frase cuando comencé a hacerle cosquillas- ¡Em... Emma!
-dijo él mientras estallaba a carcajadas.
Mientras, me fijé en su hermoso
rostro, sus ojos estaban cerrados formando unas arrugas en los
laterales y se asomaban algunas lágrimas producidas por la risa. Sus
labios gruesos y rosados esbozaban una amplia sonrisa mostrando sus
dientes blancos y rectos. Realmente era hermoso.
-Te lo merec... -una voz me
interrumpió.
-¡Emma! -escuché gritar a alguien.
Paré de hacerle cosquillas y miré a
mi alrededor buscando a quien me llamaba hasta que coincidí con unos
ojos color miel mirándome desde la piscina. Miré a Ian y me levanté
de su regazo poniéndome de pie a su lado mientras le tendía mi mano
para ayudarle a levantarse del césped. Él me sonrió y se secó las
lágrimas. Besó mi mejilla y se despidió de mí antes de chocar su
puño con el de Justin y adentrarse en el hotel dejándonos a
nosotros dos sólos. Su mirada permanecía fija en mis ojos
chocolates mientras que con las manos metidas en los bolsillos de sus
pantalones oscuros y caídos se acercaba despacio hacia mí haciendo
que jugara con mis dedos un poco nerviosa.
-Creo que he interrumpido algo -murmuró
cuando se encontraba a menos de dos metros.
-No pasa nada -me encogí de hombros-
solo estábamos jugando.
-Te he estado buscando -dijo mientras
pasaba su mano derecha por su pelo tirando de los extremos para luego
acariciar su nuca con la yema de sus dedos, aún sin dejar de
mirarme. Se veía demasiado sexy.
-¿Pasa algo? -pregunté mientras él
lamía sus ojos labios haciendo que mis ojos bajaran rápidamente
hasta éstos y tragara saliva nerviosa.
-No, solo quería preguntarte si
querías venir conmigo a un sitio que creo que te gustará.
-Claro -sonreí asintiendo con mi
cabeza- ¿tengo que ir a cambiarme? -dije señalando mi ropa.
-No, tranquila -sonrió.
Sonreí mientras me acercaba a él y
juntos caminábamos dirigiéndonos a la parte trasera del hotel donde
estaban todas las grandes furgonetas negras y los autobuses del
equipo. Justin cogió las llaves de una de las furgonetas y nos
montamos antes de poner el motor en funcionamiento. Después de un
par de minutos en el coche, me quité la gorra y me peiné un poco el
pelo con las manos antes de volver a ponérmela, adoraba las gorras.
Justin giró su cabeza un segundo para poder mirarme y comenzó a
reír entre dientes.
-¿Qué es tan gracioso? -dije
mirándole divertida.
-Me gusta como vas vestida hoy -se
encogió de hombros.
-Es ropa de chico -fruncí el ceño
mirándole.
-Te queda genial. Me encantan tus
pantalones. También tu gorra y tu sudadera.
-Son parecidos a los que tú te sueles
poner.
-Creo que algún día de estos tendrás
que dejarme algo de ropa.
Rodé mis ojos al escuchar su
comentario y comencé a reír antes de que Justin lo hiciera también.
Su risa entró por mi oído como una hermosa melodía haciendo que un
escalofrío recorriera todo mi cuerpo en poco segundos y una estúpida
sonrisa que no pude evitar esbozar se iluminó en mi rostro. Después
de, aproximadamente, unos quince minutos de camino llegamos a aquel
lugar. Miré a mi alrededor por la ventanilla del coche y me di
cuenta que estábamos en el centro de la ciudad. ¿Qué hacíamos
aquí? Iban a vernos. Bajé del coche y cerré la puerta antes de que
Justin colocara su mano en mi espalda y me empujara para que
empezáramos a correr al ver que un par de chicas nos señalaron.
Entramos en un hotel, ¿qué hacíamos allí? ¿Un hotel? ¿Los dos
sólos? ''Dame la habitación, Lorianne.'' Escuché decir a Justin.
¿Qué habitación? Oh Dios mío. Éste se había vuelto
completamente loco. Me estaba poniendo nerviosa, mis manos comenzaron
a sudar y mi corazón latía a mil por hora, como si acabara de
correr la maratón. Justin le dio las gracias a aquella mujer y me
agarró de la mano para tirar de mí y entrar en un ascensor. Justin
pulsó el último botón y éste comenzó a subir hasta la última
planta.
-¿Te encuentras bien, Emma? -preguntó
Justin extrañado.
-¿Qué hacemos aquí, Justin? -dije
después de unos largos segundos en silencio.
Justin no me contestó haciendo que mis
nervios aumentaran por segundo. El ascensor hizo un extraño y
molesto sonido y sus puertas se abrieron mostrándonos un largo
pasillo. Sólo había una puerta blanca al fondo, ¿dónde estábamos?
¿Por que sólo había una habitación? Nerviosa salí del ascensor y
crucé el largo pasillo junto a Justin. Nos paramos frente a la
puerta y Justin giró la llave despacio. Abrió la puerta y entramos
en una gran habitación blanca. Fruncí el ceño al ver que estaba
vacía, sin muebles, sin camas y sin baño. Estaba pintada de blanco,
y tenía treinta globos que contenía pintura de todos los colores
junto a dos cubos de pintura azul y roja y cuatro brochas. ¿Para qué
era todo aquello?
-Aquí no te escucharán gritar.
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